Real FIJI (3/6)
Decidimos pasar la mañana en el poblado de Nacula. Nos llevaron allí en baquita y por el camino gozamos de las espléndidas vistas de las Islas Yassawa.

Estuvimos dando vueltas por el pueblo y hablando con sus habitantes un buen rato, hasta que tocaron las campanas de que era hora de ir a misa.



Como no nos queríamos perder un evento tan tradicional, nos metimos en la iglesia con ellos. Pese a no entender nada de lo que decían, pudimos apreciar el fabuloso coro que tenían.

De vuelta a Blue Lagoon, donde descansamos un rato esperando a la que la marea subiera para poder llegar a Nanuya Lai Lai, nuestra siguiente parada.

Cuando la marea hubo subido lo suficiente, nos llevaron con una barquita hasta lo que era antiguamente el searesort de Nanuya Lai Lai, actualmente cerrado pero contactamos con Bokini y su familia que nos acogieron en su pueblo.
Al llegar allí entendimos que ese pueblo era realmente lo auténtico, donde descubriríamos como viven los fijianos realmente. Como nos decían ellos mismos “This is real FIJI”. Una familia encantadora nos acogió y nos mostró donde dormiríamos esa noche: una cabañita para 2 y una casita para 5.


Tras dejar los bártulos, cogimos la cámara de fotos y nos apresuramos a ir hasta el otro lado de la isla donde se encuentra la playa Blue Lagoon que sale en la película que lleva el mismo nombre.



Allí encontramos unas florecitas y estuvimos charlando y disfrutando hasta que se puso el sol en el horizonte.


Cuando esto sucedió tuvimos que darnos prisa en volver ya que no teníamos linternas y teníamos que atravesar la isla de nuevo para llegar a nuestro Chamizo (como dice Viti).

Una vez llegamos los más valiente se pegaron una ducha a oscuras con unos cubos de agua que tenían en una casita. A mi como la sal no me molestaba decidí que podía prescindir de esa ducha diaria y fui hacia la cocina a hablar con la familia mientras nos cocinaban lo que sería la cena más auténtica de todas: col, kasaba y arroz.
Bill fue el que ocupó de nosotros durante nuestra estancia allí y después de cenar nos propuso juntarnos con el poblado. Aceptamos, queríamos vivir una experiencia fijiana de verdad. Le compramos un poco de kava y nos unimos a su ceremonia diaria. Al llegar allí comprobamos que había alguna gente (como el patriarca) que llevaban horas y horas bebiendo y ni siquiera hablaban, iban un poco tocados.



Yo me senté al lado de una mujer, que entendí que se llamaba Amanda, o al menos asi la llamé yo el resto de la noche. Ella me contó su vida. La historia de sus 7 hijos y lo importante que era para ella creer en la religión y rezar cada día a Dios. Me estuvo explicando que trabajaba limpiando en el Resort durante 6 días a la semana y cobraba unos 50 dólares fijianos semanales que le daban para comprar kava, pollo, algo de ropa y pagar el colegio de sus hijos.

Cuando Baba, el patriarca se fue a dormir, nominaron a Víctor como jefe de la noche para empezar las rondas, así que cada vez que quería beber decía TAKI y teníamos que beber todos. (High tide = vol muy lleno, Tsunami = un vol enorme)


Al cabo de unas cuantas horas el kava empezó a hacer efecto. La lengua se me durmió y no podía hablar bien. A continuación los labios también un poco. Éramos sin duda la atracción del pueblo. Cada vez venía más gente a conocernos y hablar con nosotros. Fue la mejor experiencia del viaje, sin duda.

Andrew @ July 5, 2010